Encefalopatías espongiformes transmisibles (EET)

Las EET son una familia de enfermedades neurodegenerativas letales con un periodo de latencia muy prolongado, que afectan a los animales y al hombre. Producen la degeneración del tejido cerebral, que adopta una apariencia de esponja y conducen a la muerte del individuo.

¿Qué enfermedades incluye?

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¿Cuál es el agente causal?

La hipótesis más aceptada defiende que las EETs están causadas por priones. 

Un prión es la forma alterada de una proteína intraneuronal y de otros tejidos (células del sistema inmunológico), que ha perdido su función normal, pero que ha adquirido la capacidad de transformar la forma normal en patológica. Es decir, los priones convierten proteínas normales en partículas infecciosas mediante la modificación de su forma.

¿Cómo se transmite la EEB al ser humano?

La mayoría de las EETs no son consideradas zoonosis, es decir, no se transmiten de los animales al hombre.

Sin embargo, en el caso de la EEB una mutación del agente causal de esta enfermedad derivó en la capacidad de afectar a los seres humanos con la enfermedad denominada como la variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (vECJ).


La EEB se puede transmitir a los seres humanos a través del consumo de partes de animales infectados, sobre todo tejido nervioso.

Material especificado de riesgo

Los materiales especificados de riesgo (MER) son los tejidos de los animales de la especie bovina, ovina y caprina que tienen más probabilidades de suponer un riesgo si el animal del que proceden padece una EET.

Desde el año 2000 y en toda la Unión Europea, los MER deben ser retirados y destruidos para evitar que entren en la cadena alimentaria. La eliminación de los MER de la cadena alimentaria es la principal medida para garantizar la seguridad alimentaria en relación con las EETs. En cuanto a los animales de la especie bovina, la lista de MER depende del estatus en relación con la EEB del país de origen de los animales. Actualmente, España se encuentra oficialmente reconocida por la OIE como país con riesgo insignificante de EEB.

 

 

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Historia de la enfermedad de las “vacas locas” (EEB)

La EEB se diagnosticó por primera vez en el Reino Unido en 1986

Alcanzó proporciones epidémicas durante la década de los 90 debido a la alimentación del ganado con proteínas animales transformadas derivadas de rumiantes, algunos de los cuales estaban infectados.
 

La EEB está relacionada con la enfermedad humana variante de Creutzfeldt-Jacob (vCJD), que se diagnosticó por primera vez en 1996.

 

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La primera observación clínica de la EEB se produjo en 1985 en el Reino Unido, en 1987 se descubrió que el origen del proceso se relacionaba con la carne y los huesos de ovejas enfermas de scrapie. La hipótesis más aceptada ha sido que la transmisión se produjo a través de piensos elaborados a partir de carne de ovejas afectadas con scrapie, debido a un cambio en el proceso de fabricación de estas harinas, en las que se encontraba el agente infeccioso. En 1989, el Reino Unido prohibió el consumo de vísceras de vacas y en 1992 la epidemia se desató con enorme magnitud, más de 37.000 casos de enfermedad se diagnosticaron en aquel año, afectando ya a casi 200.000 cabezas de ganado vacuno. 


Posteriormente en la segunda década de los 90, el proceso se empieza a diagnosticar en Portugal, Suiza, Alemania, Francia y en noviembre de 2000, en España.Actualmente en numerosos países de todo el mundo se ha diagnosticado la presencia de la EEB. 


En 1994 España comienza a aplicar medidas para prevenir, controlar y erradicar las EET mediante el control del uso de las harinas de carne en piensos. Desde 1997 se realizan programas de control y vigilancia de EET basados en una vigilancia pasiva que siguen los criterios de la Organización Mundial de la Salud Animal (OIE) y en aplicación de la normativa comunitaria. 


El 20 de marzo de 1996, el Gobierno del Reino Unido anunció en su Parlamento la aparición de un patrón consistente de la enfermedad de Creutzeldt-Jakob, nuevo y previamente inexistente, conocido desde entonces como variante de la enfermedad de Creutzeldt-Jakob, al mismo tiempo que consideraba que podía existir una relación con la encefalopatía espongiforme bovina. Todo esto pone de manifiesto las implicaciones de esta enfermedad en el ámbito sanitario, social y económico, con una repercusión en el sector de la carne de vacuno incalculable, así como una transformación en el enfoque dado por parte de las administraciones públicas a la seguridad alimentaria.

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